PROBABLES ACLARACIONES
1. Estas aclaraciones pretenden que el relato no hiera la suceptibilidad del lector.
2. El autor no simpatiza con las guerras.
3. El autor no es hippie, pero cree en la paz.
4. El autor tiene muchos amigos uruguayos, ama Montevideo y cuando puede se va a pasar unos días a las playas de Rocha.
5. Al autor le gusta escuchar Rubén Rada y Jaime Roos, tomar mate, y emocionarse mirando viejos goles de Francéscoli y Rubén Paz.
6. El autor considera que el fútbol es una tontería, y que hay cosas mucho más importantes por las cuáles preocuparse/alarmarse.
7. El autor piensa que el pueblo argentino está deprimido/abatido, y que resulta lógico que a veces encuentre un poco de felicidad en el fútbol.
8. El autor piensa que los futbolistas que actúan en Europa se parecen mucho a las estrellas de Hollywood.
9. El autor piensa que las estrellas de Hollywood no tienen sensibilidad.
10. Diego Armando Maradona
11. El autor considera que no es la muerte de nadie quedarse afuera de un Mundial.
DT. El siguiente relato es ficticio. Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia.
HABÍA UNA VEZ…
Corría octubre del año 2009. Las selecciones de Argentina y Uruguay pugnaban por entrar al Mundial de Sudáfrica 2010 y debían definir, con un partido en el estadio Centenario de Montevideo, cuál de los dos ganaría la chance de jugar un repechaje ante un equipo de Centroamérica.
De un lado Argentina, un equipo integrado por una gran cantidad de estrellas del fútbol europeo, carilindos, ricos y famosos… jugadores con mujeres hermosas, autos caros, ropa cara… Once gladiadores liderados desde el banco por Diego Armando Maradona, el libertador de Nápoles. Un guerrero que, desde el sur pobre de la Italia rica, supo ganar en sus años dorados miles de batallas ante los ejércitos más temidos de los reinos más poderosos del Viejo Mundo.
Del otro lado Uruguay, un equipo modesto, liderado por Oscar Washington Tabárez, un caudillo de muy bajo perfil, cuyo máximo logro había sido, en los comienzos de la década del ‘90, revivir a Boca Juniors de una agonía que duró once años. Sin embargo, el ejército de Tabárez contaba con un alto porcentaje de sangre charrúa… una raza que no se dejaba intimidar así nomás, artífice de grandes conquistas que hasta el día de hoy son recordadas, como la del Centenario en 1930, el Maracanazo en 1950… Los charrúas no eran lindos, no eran rubios, no eran ricos ni famosos… Pero estaban dispuestos a dejar hasta la última gota de sangre y sudor en el campo de batalla.
En los días previos al partido la expectativa era muy grande y el clima estaba bastante caldeado. La Argentina venía de golear 6-0 a Perú en Rosario, con goles de Kempes, Tarantini, Luque… No, perdón, ese fue otro partido.
Sigamos… Decía que Argentina había vapuleado a los peruanos, pero había demasiadas dudas en cuanto a la legitimidad del triunfo, ya que al día siguiente del partido llegaron a Perú dos containers llenos de soja, procedentes de Argentina.
Las acusaciones desde la Banda Oriental no tardaron en llegar, pero los argentinos reaccionaron a tiempo. Fiel a su viveza criolla, en el programa de Rial le metieron una cámara oculta al ex presidente uruguayo Jorge Batlle (aquel que había declarado una vez que los argentinos eran todos unos ladrones), en la habitación de un hotel alojamiento, al que acudió con un conocido travesti de la fauna televisiva argentina. Por supuesto, esto motivó un escándalo mediático y diplomático. Para colmo, las relaciones entre ambos países venían ya bastante tensas, desde que el gobierno de uruguay permitió que se instale una planta de celulosa en Fray Bentos, frente a Gualeguaychú, a la vera del río que demarca el límite entre ambos países.
Mientras tanto, la pantalla montaba su show…
Tinelli inauguró “Luchando por un Sueño”, una serie de combates protagonizados por mujeres con poca ropa, adentro de una Pelopincho llena de barro. Evangelina Carrozzo, Jessica Sirio y Karina Olga Jelinek poniendo el pecho por Argentina. Natalia Oreiro, Mónica Farro y Claudia Fernández rompiéndose el traste por Uruguay.
Sofovich, por su parte, hizo una remake del famoso corte de la manzana, con la diferencia de que en este caso los concursantes debían llenar dos mates con algua y yerba. Y aquel que lograra que pesen lo mismo… ¡se ganaba un viaje al Mundial!
El mismo día del partido, las Fuerzas Armadas Argentinas coparon el puerto de Buquebús y colocaron en la proa de cada una de las naves cañones que apuntaban a Montevideo, en una clara señal de amenaza. Pero… Uruguay que no ni no: el pueblo salió a la calle a protestar en defensa de la soberanía. Y como alguna vez lo hicieron los argentinos con las cacerolas, ellos le dieron al machaque con mates, termos y bombillas. Mientras tanto, en el Centenario se jugaba el partido, con las tribunas colmadas de uruguayos y argentinos.
Fueron noventa minutos corridas, patadas, empujones, remates al arco, despejes a cualquier lado, insultos, gritos… Tensión, mucha tensión… Víctor Hugo no sabía por quién hinchar. Ninguno de los dos equipos lograba quebrar el cero, y ese resultado favorecía a los argentinos, que así estaban logrando su pasaporte hacia el repechaje. Pero, en el minuto 89, un fantasma (algunos aseguran que era el fantasma de Obdulio Varela) se apareció en la mitad de la cancha, tomó la pelota, eludió a cinco argentinos y la clavó en el ángulo. El árbitro Codesal señaló la mitad de la cancha. Uruguay estaba en el repechaje, y Argentina afuera del Mundial. Ese día empezó la guerra…
“El fútbol despierta las peores pasiones. Hay una idea de supremacía, de poder, que me parece horrible. Despierta sobre todo lo que es peor en estos tiempos, que es el nacionalismo referido al deporte” (Jorge Luis Borges)