Otro escándalo en la vida deportiva e institucional de Boca Juniors. Un comienzo de año nefasto por donde se lo mire. Después de todo lo que se ha escuchado, visto y leído sobre la enemistad entre Palermo y Riquelme vale la pena tomarse un tiempo para plasmar una reflexión y dejar en este post una postura más.
Hasta ahora el único que salió a reconocer públicamente –primero habló con el programa Superclásico, por Fox Sports, y después por La Red- que “no hay relación” entre ellos, es el goleador. El otro protagonista en cuestión mantiene el silencio. Pero no sorprendería a nadie si sale a ofrecer su punto de vista en Canal 13 con su amigo Sergio Gendler. Ya eligió a Telenoche en dos oportunidades cuando determinó volver a jugar en Boca por un año gratis y cuando decidió anunciar su retiro de la Selección.
Es recurrente repasar a esta altura los conflictos en los que estuvo involucrado Riquelme durante su exitosa carrera. Al menos se puede mencionar la salida conflictiva del Villarreal porque el técnico del equipo, Manuel Pellegrini, no soportaba sus desplantes de aire vedettista.
Los rumores sobre la pésima relación que tienen Palermo y Riquelme no es reciente. Data, como reconoció Martín, desde 2007, cuando el enganche retornó de España. “La relación con Román cambió muchísimo. En los seis meses que estuvo en 2007 y cuando volvió nos llevamos bien, después se diluyó. Los protagonistas nunca vamos a salir a blanquear la situación, pero es evidente lo que pasa. A mediados del 2008 tuvimos una charla, antes de un partido con River, y Román fue claro. El dijo que acá no viene a hacer amigos”, admitió el rubio delantero en conferencia de prensa.
Sólo faltaba un acontecimiento popular y evidente dentro de una cancha de fútbol para reconfirmar las innumerables versiones y conjeturas que comenzaron desde hace un año a invadir las redacciones, las radios, la televisión y las páginas de Internet. Y explotó, por supuesto, cuando el presente del equipo es el peor de los últimos veinte y cinco años.
La conquista del gol número 219 de Palermo, el instante más sublime en lo personal y uno de los más trascendentes para la historia del Club, evidenció las diferencias entre los dos referentes. El ego que tanto define la personalidad de un individuo con sus miserias camufladas. Porque en esta cuestión también hay algo de eso. Son dos ídolos y cada actitud de ellos pesa y tiene el efecto de una revolución. Riquelme que lo asiste una vez más para un logro inédito y el festejo dividido, divorciado, separado, ante la mirada atónita de las más de 20 mil personas que asistieron el lunes a la Bombonera.
La postal de la posteridad será: El 10, celebrando con los hinchas que se ubican en la platea de socios y el 9 mirando y haciendo gestos de reverencia hacia la segunda bandeja, donde se ubica La Doce. Y uno abrazándose con su hijo Ryduan –entró como parte de la sorpresa preparada con la camiseta Nº 21 que le regaló Chávez- y Pochi, mientras que el otro celebraba con los más juveniles del plantel como Erbes, Gaitán… Dos imágenes que, según testigos presenciales, fueron bochornosas desde el punto de vista del acontecimiento que se estaba inmortalizando.
Algunas versiones señalan por estas horas que Riquelme no festejó mirando hacia la segunda bandeja porque la barra habría visitado al plantel el domingo en el hotel de concentración y lo habría amenazado para que le pasara la pelota a Palermo y ponga más huevos. Luego, su amigo, el arquero Javier García -siempre según relatan testigos-, habría saltado a defenderlo y ahí se temió lo peor. Uno de los barras lo retó a pelear. Pero apareció Ibarra e intercedió para que todo se calmara.
A través de estas líneas no quiero demonizar a Riquelme y es justo también mencionar algunos puntos negros del Titán desde que llegó a Boca. Su proceder a medida que fue ganando popularidad, fama e idolatría. Y aquí es cuando aparecen los barras una vez más en la vida política del Club. Palermo tiene una excelente relación con el ex líder de La Doce, Fernando Di Zeo, quien se encuentra preso. El goleador fue a visitarlo en más de una ocasión al penal de Ezeiza y se prestó cuando lo llamaron para participar en cenas show con entrada paga en las diferentes peñas del Xeneize. Uno de los grandes negocios que manejan estos delincuentes con la comercialización de entradas truchas y el cobro del estacionamiento, como cuenta el periodista Gustavo Grabia en Olé.
En fin, lo que pretendo dejar en claro es que ninguna de estas dos estrellas del fútbol tienen el pasado limpio y caminan por la vida como una sombra inmaculada. Pero sí de algo hay que estar seguro en los tiempos que corren: los hinchas genuinos idolatran a los dos todo el tiempo, no toman partido –más allá de algunas dudosas encuestas- por uno u otro y desean que los dos sigan en Boca. Y no razonan en función de las actitudes repudiables que ambos han tenido fuera de la cancha –en las últimas horas trascendió que Riquelme envió mensajes de acoso a la novia de Mouche- y adentro.
Hace un tiempo también me contaron que Riquelme, para ganarse la amistad de Javier García, justamente Pablo Mouche y Nicolás Gaitán, entre otros, los invita a comer todas las semanas y los lleva una vez cada tanto a un local de la firma Adidas, la marca que lo viste, y les dice que elijan la ropa que quieran por valores que pueden alcanzar hasta los 10 mil pesos, según cómo sea el canje arreglado con el Diez.
Quiero terminar la nota pero aparecen en mi cabeza nuevos hechos que no quiero soslayar porque creo que también ayudan a entender por qué se llegó a este puterío, como lo definió Palermo. Y las voces que seguirán apareciendo en apoyo de uno u otro agigantarán el escándalo.
Lo que siento es que no hay lugar para los dos en el nuevo ciclo que comenzaría en junio con un nuevo entrenador (no creo que sea Guillermo Barros Schelotto más allá de las presiones de Macri). Y que también está más que claro que la dirigencia no tomará ninguna decisión cuyo resultado sea pagar un costo político importante. Palermo ya lo dijo: “Quiero retirarme en Boca”. Ahora sólo falta conocer la determinación de Riquelme. Después de las declaraciones de Martín dudo que Román siga en el Xeneize. Sólo Bianchi puede acercarlos, pero el entrenador eligió seguir alejado de Boca.
Como analizó el arquero Roberto Abbondanzieri, “nos hacemos daño entre nosotros, si hablamos y aumentamos todo lo que se vive en Boca es peor. Nos estamos olvidando de todo lo bueno que hicimos, de lo grande que es realmente el club. Cada vez se mete más gente, yo no quiero hacer lo mismo, y la verdad duele mucho”.-