06/09/2010
  Supergol Google

Archivo de Febrero de 2008

Así, no lo quiero

Lunes, 25 de Febrero de 2008

Siempre la misma historia. Siempre la misma rebeldía desde la cuna. Siempre esa irreverencia para manejarse impulsada por su fama y poder. En fin, no voy a descubrir ni a enumerar en este espacio todo lo que significó y significa Diego Maradona para mucha gente; “Yo soy el Diego de la gente”, como bien se titula su biografía.

Como todos sabemos, Diego, una vez que se retiró del fútbol, fue noticia por una u otra cosa. Donde estuviera. En cualquier lugar del mundo donde su figura genere una… revolución o escándalo en sí misma.

Pero voy a referirme a cuestiones que nos involucran como argentinos y, de alguna manera, desnudan las miserias que llevamos dentro. Y ya que estamos, sigo mencionando el título de otro libro publicado por el reconocido escritor y ensayista Marcos Aguinis: “El atroz encanto de ser argentinos” (2001). Clarito.

El tema es la impunidad que tiene Maradona para desplazarse en un evento deportivo, donde cada vez que asiste se detiene el tiempo. Todo el mundo aplaude y corea: “Dieeeegó, Dieeeeegó…” Hasta ahí, todo bien… Pero no hay que encubrir o apañar a una personalidad como ésta cuando pretende ser más protagonista que los protagonistas legítimos. Y más aún cuando todo nace desde la irrespetuosidad y la soberbia. Así, no.

El fin de semana se disputó la Copa Telmex en el Buenos Aires Lawn Tenis. El sábado por la noche jugaban David Nalbandian frente al italiano Potito Starace. Diego, quien asistió a alentar al cordobés con los ex futbolistas y amigos Alejandro Mancuso y Héctor Almandoz, tuvieron una ubicación privilegiada. Pegados junto a uno de los jueces de silla. Hasta ahí, todo perfecto.

En otro pasaje del partido, cuando parecía complicársele a David, Diego lanzó algunos insultos contra el tano. “Putito”, lo agravió, y otros similares en italiano. El tenista, que tenía a Maradona como su ídolo, es napolitano. Starace se quejó ante el umpire, y amenazó con irse de la cancha. Pero todo pasó…

En el mismo partido, el juez de línea cantó out una pelota de Nalbandian. Diego, sumándose al reclamo y a la calentura del número 8 del mundo, no escarmentó e insultó también al chico. “Mogo, sos un mogo”, le propinó. En la transmisión, que fue televisada por TyC, los periodistas Gonzalo Bonadeo y Alejandro Klapenbach no emitieron opinión alguna al respecto. ¿Cómo puede ser, viejo? El insulto al muchacho lo vi yo, sentado desde el sillón de casa. Sólo atinaron a comentar lo que ellos ¿sí? vieron: la queja del muchacho con el umpire sobre los insultos de Maradona. Ah, la misma televisión repitió segundos después en cámara lenta los agravios del Diez.

Inexplicable actitud. No se entiende, o mejor dicho, sí se entiende. Impunidad al Dios. En los pasillos del Buenos Aires  hasta circuló una sugerencia para que lo echaran. Pero la situación pasó, el astro se quedó, y al final se estrechó en un abrazó con un victorioso Nalbandian, quien le regaló su remera.

Al final de la transmisión, y para decorar la imagen lamentable, uno de los periodistas preguntó a Maradona: “¿Vas a ir a ver otra vez a los chicos en la Copa Davis ante Suecia? ¿Lo vas a volver loco a Robin Soderling (en 2006, en el Parque Roca) de nuevo?. “Ja,ja,ja. Por supuesto, seguro que vamos a estar ahí siguiendo a los muchachos”, remató el Diez.

Un proceder más, que indigna y genera irritación y repudio. Pero lo más grave es que se lo incita a que lo siga haciendo. Así estamos… ¿Pero adónde llegaremos de esa manera? ¿Cuál es la meta final? Lo cierto es que ya repugnan, empalagan, ciertas costumbres argentinas…

- Maradona: el personaje

¿Qué problema hay con ser exitista?

Lunes, 18 de Febrero de 2008

Mi compañero Sebastián Porta planteó una serie de supuestas preguntas que tal vez se hicieron algunos técnicos del fútbol argentino con sus decisiones a la hora de elegir equipo. Nuestros queridos lectores de supergol.com atacaron su opinión acusándolo de “exitista”.

Pero pongamos las cosas en claro.

Italia 90: la selección ganó 1-0 a Brasil habiendo sufrido todo el partido, con ya ni recuerdo cuantos disparos en el palo, ni cuantas veces llegamos nosotros al arco brasileño (si fueron tres, es mucho). Pero el Diego se iluminó y el “Cani” definió a lo grande. ¿Elegimos? ¿Haber jugado bien ese partido o ganarle a Brasil?

Italia 90: Los locales nos pasearon todo el primer tiempo, perdíamos 1 a 0 y otra vez apareció el “Cani”. Fuimos a penales y el Goyco nos depositó en la final. ¿Elegimos de vuelta? ¿Dejar afuera a los locales que nos habían silbado el himno o jugar bien al fútbol?

Italia 90: la final, la recordada final. Argentina perdió contra Alemania y salió segunda. Bilardo, el técnico, renunció a su cargo porque no había logrado el objetivo: ser campeón. ¿Elegimos? ¿Alguien llegó a hacer una campaña mejor que Bilardo con la selección: campeón y subcampeón? Pero el contrato no se lo renovaron porque no había cumplido su objetivo.

EEUU 94: El equipo de Basile de la mano del Diego brilló los dos primeros partidos. Perdió el tercero contra Bulgaria e igual pasó a octavos. Contra Rumania la Argentina juega un gran partido pero comente tres errores que le cuestan tres goles. ¿Elegimos? ¿Jugar peor y ganar o haber jugado bien y volverse a casa?

Francia 98: La selección de Passarella la pasó mal contra Inglaterra durante todo el segundo tiempo, pero Roa atajó bárbaro en los penales y pasamos a cuartos. Nuestra archienemiga (diría una tira cómica de los ’70) había sido eliminada y como no podía ser de otra manera el obelisco se colmó de fanáticos festejando. Después vino Holanda y quedamos afuera. ¿Elegimos? ¿Jugar bien contra Inglaterra y quedar afuera en los penales?

Corea-Japón 2002: El equipo de Bielsa hizo un gran partido contra Suecia pero la pelota no quiso entrar, empatamos y quedamos afuera en primera ronda. ¿Elegimos? ¿Quién no hubiera dado cualquier cosa por meter a Crespo y Batistuta juntos y que un gol entre de cualquier forma olvidándose de todo esquema táctico?

Alemania 2006: Partidazo contra Serbia y Montenegro, pero quedamos afuera contra el local sin haber jugado mal. Los penales que siempre nos habían favorecido esta vez nos jugaron en contra. ¿Elegimos? Yo prefería haber estado colgado del travesaño todo el segundo tiempo y pasar a semi que haber quedado afuera…

Copa América 2007: la argentina jugó de los mejores torneos que recuerdo, pero perdió deshonrosamente en la final. ¿Elegimos? Yo prefiero pasar deshonrosamente todo el torneo pero traerme la copa a casa… no sé ustedes.

Tal vez sea exitista… pero en el fútbol gana quien hace más goles.

Los caños, gambetas, tacos, bicicletas, “bobas”, rabonas, chilenas y todas esas cosas que colorean el deporte hacen que uno vea cualquier partido, cualquier torneo, cualquier división, juegue quien juegue, pero cuando juega el equipo de uno… sólo se le pide que gane, si es jugando bien mucho mejor.

Tal vez sea exitista… pero dudo que sea el único…

Los inadaptados de siempre

Martes, 12 de Febrero de 2008

Lo que van a ver a continuación sucedió en Japón.

Según nos contó nuestro corresponsal en las tierras del sol naciente, el padre le pidió a su hijo que le vaya a comprar un choripán y una Coca. Pero el hijo, fiel al típico espíritu rebelde de la adolescencia, le contestó: “¿Qué soy, tu mulo? Andá a comprártelo vos, gordo. Y de paso traeme uno con mucho chimichurri”. Y, obviamente, el padre reaccionó al mejor estilo Uma Thurman en Kill Bill.

Pero los términos “mulo”, “choripán” y “chimichurri” nos hicieron desconfiar un poco del reporte de nuestro corresponsal, así que mandamos a traducir el audio del video, y en realidad lo que el periodista japonés está contando es que la discusión comenzó cuando el de gorrita, en una actitud típica de plateísta amargo, le dijo al pibe: “¡Abajoooo…!

El pibe le respondió: “¿Abajo qué? Yo me paro todas las veces que quiero porque para algo pago el abono. Es más, mirá cómo me paro”. Y entonces el de gorrita no se la bancó y le cantó quiero retruco: “¿Ah, sí? Mirá cómo te bajás, la rec%###%& de tu ma$%#@…”.

El mejor, pero el más odiado.

Viernes, 8 de Febrero de 2008

“El árbitro –diría Eduardo Galeano– es arbitrario por definición. Éste es el abominable tirano que ejerce su dictadura sin oposición posible y el ampuloso verdugo que ejecuta su poder absoluto con gestos de ópera. Silbato en boca, el árbitro sopla los vientos de la fatalidad del destino y otorga o anula los goles”.

Y ahí está ese tirano, con gesto serio en el rostro, sin una sonrisa, no existe esa posibilidad. Pero pareciera que para ser un gran árbitro debe ser así. ¿Alguien recuerda alguna sonrisa de Castrilli durante un partido de fútbol?

Pero sí se recuerda alguna sonrisa de Horacio Elizondo, y no quedaron dudas de que fue uno de los mejores referís del mundo. En cambio, mirando al señor Pablo Lunatti se lo ve serio y hasta con cara de soberbia absoluta.

¿Es hoy el mejor referí del país? Lunatti debe tener record de tarjetas sacadas, record de puteadas recibidas y hasta record de intención de trompadas pero, así y todo, se lo considera como uno de los mejores árbitros del país.

O sea, sonreírle a un jugador, responderle correctamente ante una decisión tomada o simplemente tratarlo bien, es considerado como falta de seriedad. Recuerdo a Héctor Baldassi decirle “Guillermo” al Mellizo Barros Schellotto, y no creo que sea un mal árbitro por tratar bien a un jugador. A Tevez lo echó en la semifinal contra River haciéndole entender que él se había equivocado, sin gritarle, sin tratarlo mal.

Tal vez el problema sea mío que sigo pensando que el fútbol es para divertirse. Yo prefiero ver sonrisas dentro de la cancha y no sólo cuando hay un gol. Tal vez esté equivocado o soy de los pocos románticos que tiene el fútbol.

Feliz torneo nuevo

Viernes, 8 de Febrero de 2008

Un nuevo campeonato de Primera División comienza, y trazando un paralelismo con la vida cotidiana, es como si empezara un nuevo año.

La ilusión de que pasen cosas buenas es el común denominador. En la vida real, siempre se pide por algo mejor, o por lo menos mantener lo que se tiene. En el fútbol, también pasa eso. Siempre está el sueño de ver un torneo mejor jugado, donde todos los equipos ataquen, que los jugadores puedan hacer tres pases seguidos, o por lo menos, que mantengan el promedio de dos que tenían el campeonato anterior.

Luego, se pide por la salud y la seguridad, y adivinen, en el fútbol también se pide por eso. Que la familia vuelva a las canchas, que no haya violencia, que la policía nos defienda, que los dirigentes gobiernen para el socio y que al igual que el día a día, se pueda ir a trabajar (en este caso a la cancha), y no morir en el intento.

Otro pedido es por la estabilidad del país, por ejemplo: Que lo precios no suban. Pero como todos sabemos, esto nunca se cumple. En este espacio de la pelota redonda, también pedimos estabilidad, pero las entradas y las cuotas sociales se duplican.

Para concluir, y adueñándome de una frase, todo sigue igual (por ahora) y en un futuro podría ser peor que esto. Así que les recomiendo que se sienten a esperar cómo el nivel sigue decayendo, o por qué no,  que Atlas llegue a la Primera División, y le haga partido al Boca de Riquelme. Como en la Argentina, en el fútbol, todo puede pasar.

Pidamos y deseamos, momentáneamente, eso es gratis.

Carnaval toda la vida

Lunes, 4 de Febrero de 2008

Me pegunto qué gafas tenía puestas Mario Benedetti cuando describió a Montevideo como una ciudad gris. Casi todos tenemos la maldita constumbre de no valorar el propio folclore. Me incluyo.

Este verano decidí pasar mis vacaciones en la costa uruguaya. Sí, en pleno conflicto diplomático por las famosas papeleras, opté por cruzar el charco. No se trató de una actitud antinacionalista, o vendepatria. Simplemente creo que enriquece bastante saber cómo nos ven los demás, para conocernos mejor a nosotros mismos.

A la vuelta de mis vacaciones prometí volver a Uruguay, y lo hice este último fin de semana, aunque esta vez el destino fue Montevideo, no la playa, ya que la idea era presenciar el comienzo del Carnaval, que, según dicen, es el más largo del mundo (40 días).

El Carnaval de Montevideo tiene dos grandes vertientes que se complementan: las murgas, de origen español, cuyas letras tienen un alto contenido de humor, sátira social y política (la voz del pueblo), y jugaron un importante papel socio-cultural durante la dictadura (1973-84), y el candombe, de origen afro-negro, que recrea las raíces africanas de los negros esclavos y la época colonial, con sus trajes, cantos y bailes típicos, culturas y religiones, y su evolución natural hasta nuestros días. Se suman las otras categorías Humoristas, Parodistas y Revistas.

Dio la casualidad que el mismo día en que comenzaba el Carnaval, River y Boca se enfrentaban en Mendoza, mientras que Peñarol y Nacional lo harían en el mítico Centenario, el primer estadio de Sudamérica, aquel donde se jugó el primer mundial. Un verdadero templo del fútbol.

“Esto tampoco me lo puedo perder”, pensé. Así que fui corriendo al estadio a sacar la entrada.

Existen muchísimas diferencias entre un Boca-River y un Peñarol-Nacional, desde el vamos. El Superclásico del Fútbol Argentino es cien veces más colorido y apasionante que el clásico de Montevideo. Hay muchas más estrellas en el campo de juego, se tiran más petardos, más papelitos, es más ensordecedor el rugido de los hinchas. Y, a veces, hasta se ve mejor fútbol. Pero hay otros aspectos que merecen ser destacados, y que los argentinos que concurrimos al fútbol deberíamos tener en consideración.

Sacar la entrada fue casi tan simple como ir a comprar puchos. No había colas, ni amontonamientos, ni empujones, ni vallados, ni carros hidrantes, ni revendedores…

Con el ticket en el bolsillo, me dediqué entonces a disfrutar de la previa en una pizzería que estaba ubicada a dos cuadras del Centenario. Y, atención, porque es aquí donde uno puede ensartarse: si pedís “pizza con fainá” en Uruguay, te van a traer una porción de masa con salsa de tomate, y la fainá arriba. Para que la pizza tenga muzzarela, hay que pedir “muzzarella con fainá”. Otro detalle: en Montevideo las opciones no son “Quilmes o Brahma”, o “Quilmes o Heineken”, sino “Pilsen o Patricia”.

En las inmediaciones del estadio no hay cuidacoches que te cobran 10 pesos para garantizar que tu auto no aparezca rayado, con alguna goma en llanta, o algún vidrio roto.

La previa del clásico se entremezcla con algunas comparsas barriales que ensayan en la calle para las Llamadas de Carnaval, que serán el fin de semana siguiente. El ritmo de candombe que sale de los tambores acompaña, sin querer, los cánticos de algunos hinchas de Peñarol que todavía esperan fuera del estadio a que sea la hora del partido. Yo prefiero entrar 15 minutos antes.

Adentro del Centenario, algunas cosas se parecen al Fútbol Argentino, y otras no tanto.

Una cabecera para cada hinchada: los de Peñarol se ubican en “la Amsterdam”, y los de Nacional en “la Colombes”. El precio de esta localidad: 10 pesos de los nuestros. Los de Peñarol son muchos más, pero los de Nacional no paran de cantar, alientan más fuerte y saltan todo el tiempo.

Una de las tribunas laterales se llama “América”, y allí concurren los espectadores más pudientes. Yo saqué para la otra tribuna lateral, “la Olímpica” ($15). Y lo más llamativo es que en esta tribuna conviven respetuosamente hinchas de Peñarol y de Nacional. Cada uno alienta a su equipo, se gritan los goles en la cara, y no pasa nada.

¿El partido? Típico de verano. Por momentos aburrido, por momentos te deja algo.

A Peñarol le gusta llegar tocando, pero no lastima. Promediando el primer tiempo, el árbitro cobra penal, y los carboneros se ponen 1-0 arriba.

En el segundo tiempo, Nacional sacó a relucir su garra charrúa. Hubo pierna fuerte, discusiones, manotazos en la cara y algún que otro empujón entre los jugadores. El Tricolor dio vuelta el marcador, con dos golazos: 2-1.

Algunos hinchas de Peñarol se van antes de que termine el partido, resignados. Pero nadie se cuelga del alambrado, ni prende fuego, ni tira piedras, ni hace nada que obligue al árbitro a suspender el clásico. Tampoco se ven familias abandonando el estadio antes de tiempo, por miedo a que pase algo a la salida.

El partido termina y la gente se retira del estadio, en paz. Los hinchas del Bolso (así lo llaman a Nacional) se van cantando. Los de Peñarol, algunos cantan y otros caminan mirando el piso. No hay corridas, no hay policía montada tirándole los caballos encima a la gente, no hay carteristas… Y las murgas siguen haciendo lo suyo sobre el empedrado de alguna esquina.

Si alguno sigue pensando que Montevideo es una ciudad gris, es porque está viendo el gol del Chango Cárdenas al Celtic y todavía no se compró el Hitachi.

El goleador

Viernes, 1 de Febrero de 2008

“Tengo dos problemas para jugar al fútbol. Uno es la pierna izquierda. El otro es la pierna derecha”. Así definía el gran Negro Fontarrosa a su fútbol. Pero parece que para ser goleador las piernas nos son un problema.

Planteo los tres goleadores más discutidos en cuestión de habilidad futbolística: Gabriel Batistuta, Julio Cruz y Martín Palermo.

Gabriel Batistuta: El Bati, en sus comienzos, allá por 1988 en Newell’s de Rosario, era conocido como El Gordo. Después pasó por River sin pena ni gloria. Daniel Pasarella lo colgó e hizo un trueque mano a mano por Sergio Berti, que jugaba en Boca. Era considerado “un burro”, que ni siquiera sabía si le gustaba el fútbol. Que sus dos piernas jugaban en contra. Pero un día empezó a hacer goles y se convirtió en el goleador histórico de la Selección, en uno de los máximos goleadores de la liga italiana, y así terminó con más de medio gol por partido en toda su carrera.

Julio Cruz: El Jardinero surgió de Banfield. Era un delantero más, uno del montón. Pasó a River, cumplió con su deber pero sin sobresalir demasiado. Un día partió al viejo continente y ahí marcó (y marca) la diferencia. Pekerman lo llevó al mundial de Alemania y tuvo que reemplazar a Crespo en el último partido, contra el local, el partido que nos eliminó, ese mismo… y no hizo nada, casi ni la tocó. Los comentarios en su contra se acrecentaron, todo lo que la “tribuna” había dicho sobre él antes del mundial, se acababa de confirmar. Pero Cruz siguió trabajando en lo único, dicen, que sabe hacer: goles. Hoy es el goleador de la liga italiana.

Martín Palermo: Sin duda el delantero que más críticas recibe. El hombre record: tres penales errados en un mismo partido, y nada más ni nada menos que en la selección nacional. Cuando empezaba a hacer goles en España y así triunfar en el viejo continente, se cae una pared (del tamaño de un escalón) que le rompe la pierna y lo deja seis meses sin jugar. Volvió a Boca y volvió a hacer los goles que lo llevaron hasta España. Hoy es el máximo goleador del fútbol argentino en actividad, está a menos de cinco goles de convertirse en el goleador histórico de Boca Juniors.

Tres burros, tres muertos, tres desastres… lo único que saben o supieron hacer son goles. Los tres son goleadores área, o de alma, mejor dicho. Se bancaron todas las críticas, todos los insultos, y ellos siguieron adelante.

La pregunta es: El nueve, ¿tiene que jugar bien o hacer goles?

Por mi parte, que jueguen los otros 10 jugadores de la cancha pero el 9 que haga sólo goles.