Así, no lo quiero
Lunes, 25 de Febrero de 2008Siempre la misma historia. Siempre la misma rebeldía desde la cuna. Siempre esa irreverencia para manejarse impulsada por su fama y poder. En fin, no voy a descubrir ni a enumerar en este espacio todo lo que significó y significa Diego Maradona para mucha gente; “Yo soy el Diego de la gente”, como bien se titula su biografía.
Como todos sabemos, Diego, una vez que se retiró del fútbol, fue noticia por una u otra cosa. Donde estuviera. En cualquier lugar del mundo donde su figura genere una… revolución o escándalo en sí misma.
Pero voy a referirme a cuestiones que nos involucran como argentinos y, de alguna manera, desnudan las miserias que llevamos dentro. Y ya que estamos, sigo mencionando el título de otro libro publicado por el reconocido escritor y ensayista Marcos Aguinis: “El atroz encanto de ser argentinos” (2001). Clarito.
El tema es la impunidad que tiene Maradona para desplazarse en un evento deportivo, donde cada vez que asiste se detiene el tiempo. Todo el mundo aplaude y corea: “Dieeeegó, Dieeeeegó…” Hasta ahí, todo bien… Pero no hay que encubrir o apañar a una personalidad como ésta cuando pretende ser más protagonista que los protagonistas legítimos. Y más aún cuando todo nace desde la irrespetuosidad y la soberbia. Así, no.
El fin de semana se disputó la Copa Telmex en el Buenos Aires Lawn Tenis. El sábado por la noche jugaban David Nalbandian frente al italiano Potito Starace. Diego, quien asistió a alentar al cordobés con los ex futbolistas y amigos Alejandro Mancuso y Héctor Almandoz, tuvieron una ubicación privilegiada. Pegados junto a uno de los jueces de silla. Hasta ahí, todo perfecto.
En otro pasaje del partido, cuando parecía complicársele a David, Diego lanzó algunos insultos contra el tano. “Putito”, lo agravió, y otros similares en italiano. El tenista, que tenía a Maradona como su ídolo, es napolitano. Starace se quejó ante el umpire, y amenazó con irse de la cancha. Pero todo pasó…
En el mismo partido, el juez de línea cantó out una pelota de Nalbandian. Diego, sumándose al reclamo y a la calentura del número 8 del mundo, no escarmentó e insultó también al chico. “Mogo, sos un mogo”, le propinó. En la transmisión, que fue televisada por TyC, los periodistas Gonzalo Bonadeo y Alejandro Klapenbach no emitieron opinión alguna al respecto. ¿Cómo puede ser, viejo? El insulto al muchacho lo vi yo, sentado desde el sillón de casa. Sólo atinaron a comentar lo que ellos ¿sí? vieron: la queja del muchacho con el umpire sobre los insultos de Maradona. Ah, la misma televisión repitió segundos después en cámara lenta los agravios del Diez.
Inexplicable actitud. No se entiende, o mejor dicho, sí se entiende. Impunidad al Dios. En los pasillos del Buenos Aires hasta circuló una sugerencia para que lo echaran. Pero la situación pasó, el astro se quedó, y al final se estrechó en un abrazó con un victorioso Nalbandian, quien le regaló su remera.
Al final de la transmisión, y para decorar la imagen lamentable, uno de los periodistas preguntó a Maradona: “¿Vas a ir a ver otra vez a los chicos en la Copa Davis ante Suecia? ¿Lo vas a volver loco a Robin Soderling (en 2006, en el Parque Roca) de nuevo?. “Ja,ja,ja. Por supuesto, seguro que vamos a estar ahí siguiendo a los muchachos”, remató el Diez.
Un proceder más, que indigna y genera irritación y repudio. Pero lo más grave es que se lo incita a que lo siga haciendo. Así estamos… ¿Pero adónde llegaremos de esa manera? ¿Cuál es la meta final? Lo cierto es que ya repugnan, empalagan, ciertas costumbres argentinas…