06/09/2010
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Archivo de Julio de 2008

Que la historia lo juzgue

Martes, 29 de Julio de 2008

Siempre me pareció de muy mal gusto comparar a Messi con Maradona. En primer lugar, porque considero que es una falta de respeto para alguien que supo defender la camiseta de la Selección y del buen fútbol como nadie lo hizo jamás. Y en segundo lugar, porque considero que al jovencito del Barcelona, que acredita más contratos publicitarios firmados que partidos jugados con la celeste y blanca, le queda demasiado grande la comparación.

Hay más diferencias que similitudes entre Messi y Maradona. Como bien dijo Diego, a Lionel le falta carácter. Le dieron la 10 del Barcelona, pero no fue capaz de plantarse y decir: “Señores, yo me voy a los Juegos Olímpicos, les guste o no les guste”. Maradona, en cambio, ni siquiera discutía. Armaba el bolso y se tomaba el avión. Donde jugara la selección, ahí estaba él, con los cortos puestos. No importaba si había partido de la Uefa, de la Champions, o de lo que sea.

En el ‘86, Maradona se bancó patadas de coreanos, italianos, búlgaros, uruguayos, ingleses, belgas, alemanes, y fuimos campeones del mundo. En el ‘90, jugó todo el mundial en una pierna, y llegamos a la final. Diego se infiltaba el tobillo antes de los partidos y en el entretiempo. Se acostaba en la camilla, mordía un toallón para aguantarse el dolor, y salía a la cancha a poner el pecho. Se bancó que lo silbe un estadio repleto de italianos del norte, lloró mientras la cámara lo enfocaba y el mundo entero lo veía por TV, le negó el saludo a Havelange y se enfrentó al poder, sabiendo muy bien que eso le iba a costar muy caro.

Messi, en cambio, en el único partido importante con la selección que le tocó jugar (la final contra Brasil en la Copa América de Venezuela 2007), ni apareció…

Messi tiene un don especial para jugar al fútbol. Tiene el talento motriz para hacerlo de un modo espectacular, pero no tiene ni el cerebro, ni el corazón de Maradona. Parece tener la cabeza en la cuenta bancaria y el corazón en el bolsillo.

Suena terrible decirlo así, pero tal vez esa diferencia de carácter, de tempramento, de garra, de actitud, se deba a la realidad socio-económica que le tocó vivir a cada uno en sus primeros 15 años de vida. Maradona nació y creció en el gueto. Messi, a los 13 años, ya estaba viviendo en Europa.

Maradona es pueblo. Messi es marketing.

Si Messi no quiere ir a los Juegos Olímpicos, que no vaya. Si no está dispuesto a rebelarse frente a la voluntad del Barcelona, que no lo haga. Hay muchos más jugadores dispuestos a romperse el alma por la medalla dorada. Y será la historia la que se encargue de juzgar a cada uno.

Lo más lamentable de todo es el comportamiento de algunos aficionados. El domingo último ocurrió algo insólito. Un grupo de personas con demasiado tiempo libre y poca vida propia organizó un piquete/escrache frente a la Embajada de España, en el barrio de Palermo, para reclamar que liberen a… ¡Messi!

Sí. No pedían por la libertad de Ingrid Betancourt, o por los presos de Guantánamo, o por la violación de los Derechos Humanos en China y el Tibet. No protestaban contra las retenciones móviles, no pedían mayor seguridad, ni educación, ni comida, ni trabajo. Pedían por Messi. Un simple jugador de fútbol. Cric… cric…

Pero esto no debería extrañarnos tanto. En una sociedad tan polarizada e incoherente, es lógico que sucedan estas cosas. Nos horrorizamos con la violación a los Derechos Humanos en la última dictadura militar, pero 30 años después somos capaces de seguir pidiendo mano dura contra el delito. Pedimos que se vayan todos, pero votamos a los mismos de siempre. Nos quejamos de que haya corrupción, pero nos colgamos del videocable, o coimeamos al cana en la esquina. Condenamos la violencia en el fútbol, pero cantamos “bostero vigilante… te vamos a matar!”. Y así podría seguir hasta Londres 2012.

Fiebre en las gradas

Miércoles, 23 de Julio de 2008

Nick Hornby nació en Inglaterra. Es escritor y periodista, pero lo que mejor lo define es su fanatismo enfermo por el Arsenal.

En su novela más conocida, High Fidelity, (sobre la que se hizo la genial película del mismo nombre) cuenta su vicio por la música pop y su historia de idas y vueltas con las mujeres, pero con “Fiebre en las gradas”, recientemente reeditada en el país, desnuda la pasión/obsesión que rige su vida: el fútbol.

Es un tema que siempre me interesó y del que no hay mucho para leer, más allá de las historias de Fontanarrosa y Soriano, aunque siempre condimentadas con el color de la ficción. El fútbol y las letras se llevaron desde siempre a las patadas. Por eso el libro de Hornby es una joyita. Su crónica tiene la fuerza de quien escribe con pasión, el humor del que sabe reírse de sí mismo, y se anima a teorizar sin creerse el gran intelectual ni caer en generalizaciones.

¿Qué cuestiones y porqué razones una persona que uno tiene por culta, centrada, racional, con sentido común, pierde todo ese anclaje para romperse la garganta insultando al central de su equipo (incluso frente a la TV), al árbitro de turno o para gritar un gol? ¿Porqué con tantas preocupaciones diarias nos pone nerviosos una final, nos hace llorar una derrota y nos arruina semanas enteras de vida un descenso?

Hornby intenta explicarlo y explicarse, por momentos desarrolla tésis muy interesantes, en un relato formado por anécdotas de alto valor antropológico. Me reí en voz alta y tuve la gran sorpresa (¿será acaso parte de la magia del fútbol?) de reconocer que sus ritos, cábalas y locuras personalísimas son las mismas que las mías y las tuyas.

¿Quién, que no sea hincha de verdad, podría entender la inevitabilidad del amor por los colores?

“Para casi todos nosotros, el modo en que juegue nuestro equipo es algo que carece de relevancia. Muy pocos hemos elegido realmente a nuestros clubes. Se nos han presentado sobre la marcha y eso es todo”.

¿Cómo termina siendo entendible el cambio de filiación política, la ruptura de un matrimonio y hasta una infidelidad, mientras que en el fútbol nos parece imposible? ¿Qué hincha se iría a ver otro partido luego de la derrota propia para festejar una victoria ajena?

“La lealtad en términos futbolísticos, no es objeto de una elección moral, tal como pudiera serlo la valentía o la amabilidad, sino que es más bien como una verruga o una joroba, es decir, algo con lo que uno ha de convivir sin remedio”.

Su historia (de 1968 a 1992) es la historia del Arsenal, que bien podría ser la historia de cientos de equipos e hinchas de todo el mundo, incluso de la Argentina.

Desde acá, es fascinante descubrir que las mismas situaciones se repiten en dos países con notables diferencias culturales y a miles de kilómetros de distancia: La humillación que nos deparaba de chicos los lunes, después de perder feo un clásico; el estado natural y constante de desilusión de los hinchas (”los festejos son pocos, son mayoría las derrotas”); la incomprensión de madres, novias y amigas porque posponemos todas las obligaciones sociales por un partido…

El estado de histeria que provocan las transmisiones de radio, las protestas en el hall del club cuando se repiten las derrotas, la irrupción de la TV para quedarse con todo el negocio, la lenta expulsión a las clases bajas de los estadios. En un tono mas grave, la erupción de la violencia alrededor de la cultura del fútbol con el surgimiento de los hooligans. El desastre de Heysel y Hillsborough, que terminaría en la administración Tatcher imponiendo butacas en todas las tribunas (una cuestión que ahora mismo se discute en el país).

Una mirada a la vida de un tipo que recuerda momentos significativos de su vida porque ocurrieron entre tal y cual partido. Un enfermo capaz de no ayudar a su novia cuando se desmaya en plena popular. Un hincha como cualquier otro.

Gol Olímpico

Domingo, 20 de Julio de 2008

Los II Juegos Olímpicos de la Era Moderna en París 1900 (del 20 de mayo al 28 de octubre) estuvieron dominados por complicaciones en la organización como consecuencia de serios problemas financieros. Todos estos factores opacaron la realización de un evento como había soñado Pierre de Fredy Coubertin. El barón francés, creador del Movimiento Olímpico, no contaba con recursos suficientes porque el Comité Olímpico Internacional (COI) carecía de reservas para donar.

El acontecimiento se desarrolló en el marco de la Exposición Universal de París que convocó a 58 países y duró ¡cinco meses! (en la actualidad se realizan durante 15 días). Informes de la época aseguran que más de ¡50 millones de personas visitaron la Ciudad Luz! Las distintas delegaciones exhibieron sus virtudes en cultura, arquitectura y avances tecnológicos.

La estrategia de los anfitriones de los Juegos fue aprovechar la atracción que generó la Feria Internacional y decidieron extenderlos para que coincidieran. Del 15 de abril al 12 de noviembre, aproximadamente, Francia se vio paralizada y los ojos de mundo se clavaron sobre la Torre Eiffel.

Además, Coubertin determinó incorporar al programa de actividades pruebas insólitas para consitar mayor atención de los turistas. Siempre procurando de mantener la identidad de la práctica formal de l eporte y no como entretenimiento. Situación que no entendía Alfred Piccard, el Comisario de la Exposición, y los consideraba un espectáculo más dentro de las exhibiciones de globos aerostáticos y palomas mensajeras.

Se realizaron carreras de embolsado, concursos de pesca y el juego de romper la olla. Como otra novedad integrada en el programa olímpico apareció la cuerda india o tira y afloja (conocida en nuestro país como zinchada –en Boca Juniors el preparador físico Carlos Dibos, durante la era Basile, solía utilizarla como entretenimiento para crear un clima distendido en las prácticas-); en natación los 60 metros bajo el agua y la divertida prueba de los 200 metros con obstáculos. Había que sortear barriles pasando por debajo de ellos.

Debido a la extensa duración de los II Juegos Olímpicos el mensaje se transformó en confuso y, por este motivo, corrieron el peligro de perder su denominación: se les llamó, simplemente, Concursos internacionales de ejercicios físicos y deportes.

*Curiosidades

El equipo de remo holandés solicitó a la organización el reemplazo de uno de sus integrantes. Un niño de sólo ocho años fue seleccionado de improviso. Con su ayuda, Holanda ganó la prueba y muchacho-timonel estuvo en la ceremonia de premiación. Hasta hoy, se desconoce su identidad.

Por otro lado, las competencias de natación se desarrollaron durante el primer mes en aguas del río Sena. El presupuesto no alcanzó para construir en tiempo y forma piscinas de 25 metros. Se eligió un curso del río a lo largo de 100 metros, delimitado con boyas y balsas, donde las aguas corrían más calmas.

*El fútbol entra en escena por primera vez

Por primera vez en la historia de los Juegos Olímpicos el fútbol formó parte del programa. Cuatro años, en Atenas 1896, se disputaron sólo dos partidos pero no fueron reconocidos de manera oficial. En la final, el equipo de la ciudad griega de Smyrna goleó por 15 a 0 a la delegación de Dinamarca.

El 26 de septiembre, en el Estadio Velódromo Jacques Anquetil, de Valenciennes (hacía de local el Club Racing, de París, hasta 1924), el poderoso seleccionado de Gran Bretaña se quedó con la medalla dorada (simbólica) al vencer a Francia por 4 a 0. El tercero puesto y la presea de bronce fue para el combinado Bélgica-Gran Bretaña.

El seleccionado inglés pasó de manera directa a la final porque así lo determinó el sorteo. Y para ser más claros, digamos entonces que en semifinales Francia se impuso por 7-4 al mencionado rejuntado.

Hay que aclarar que como el fútbol participó bajo la denominación de disciplina de exhibición, no se entregaron medallas formales. Pero para la historia del Movimiento Olímpico es como si los tres representantes que subieron al podio las hubieran recibido.

De ahí en adelante el fútbol, quizás impensado por esos tiempos, se convertiría en el deporte más popular del planeta.

Pierre de Coubertin en dos mensajes

“Ha sido un milagro que el movimiento olímpico haya sobrevivido a estos Juegos”.

“Es preciso que cada cuatro años los Juegos Olímpicos restaurados den a la juventud universal la ocasión de un reencuentro dichoso y fraternal, con el cual se disipará poco a poco esta ignorancia con que viven los pueblos uno respecto a los otros…”.

*Los Juegos en números

-Países: 24.

-Duración: 5 meses (se desarrollaron en el verano parisino).

-Atletas: 997 (975 hombres, 22 mujeres; participaron por primera vez).

-Deportes: 18.-

Desesperado

Viernes, 11 de Julio de 2008

Ya es una necesidad.
Es como lo que siente todo fumador sentado en el sector no fumadores después comerse una buena parrillada. Les juro que lo necesito.

Estoy podrido de ver quién pasó de un equipo a otro; a qué DT echaron; quién no va a ser tenido en cuenta la próxima temporada por el técnico. Y como si fuera poco tengo que leer a qué jugador no lo dejan ir a los juegos olímpicos.

Desesperado miro la tele, pongo TyC y tengo que ver el gol de chilena del Largarto Fleitas, es un golazo, no lo dudo, pero quiero gritar algún gol de vuelta, quiero ir a la cancha, quiero cargar a mis amigos, hasta extraño que me carguen a mí, esto ya no lo aguanto más. Creo que hasta extraño ver Indirecto con Eduardo Ramenzoni y su equipo de chombas de colores.

Les pido disculpas si los aburrí, pero necesitaba descargarlo: extraño el fútbol de cada fin de semana.

 

¡Saludos a todos!