¡Como en el ‘86!
Miércoles, 29 de Octubre de 2008Empezó el operativo retorno del ‘86. Primero lo primero: Diego DT. Atrás, en filita, llegan Bilardo, Troglio (colado del ‘90), Brown y el Checho Batista (¿volverá la momia de Rep a P12?).
La primera sensación, desde el corazón futbolero, es que se salda una deuda pendiente. Porque Diego hace rato que muestra su mejor versión (en términos generales y con todos sus matices) y porque, excepto Bianchi, ningún otro técnico hizo demasiados merecimientos más para ser el DT de la celeste y blanca.
Ahora, este desembarco ochentoso en el banco de la Selección deja varias para analizar.
Lo bueno:
a) Motivación. ¡A full! ¿Sabés lo que es que te dirija el más grande de todos los tiempos? Ya su sola presencia dispara un esfuerzo un extra para cualquier deportista. Diría que le debemos un par de medallas de los JJOO de este año.
b) Vestuario, experiencia y amor por la camiseta. Pocos tipos en la Tierra y en el planeta fútbol deben tener los años de vestuario que Diego tiene encima. A cualquiera de los que hoy juegan en la Selección, les tirás los años que Diego tiene de intimidad vestuaril, y se tiran abajo del Sarmiento un viernes a las 18:30hs. Con la llegada de Diego, se terminaron varias cosas. El vedettismo y las mariconeadas ya no van a tener cabida. “¿Barcelona no te deja viajar? Cambiate de club, nene. ¿Te duele la uña? Infiltrate. ¿Estás cansado? Corré igual”. Así era Diego. Y así van a tener que ser todos los que quieran estar en el equipo.
c) Camino allanado. Lo bueno de que Diego asuma ahora como DT, es que no tiene ningún torneo, tipo Copa América o Copa Kirin, que pueda despertar las ansias exitistas del público argentino y que, ante un fracaso, haga disminuir la confianza en el flamante DT.
d) Consenso. Todos los que acompañan a Maradona juntan un buen porcentaje de popularidad. Bilardo, por sus éxitos, su viveza, y su absoluta y divertida locura (claramente no por el juego que despliegan sus equipos); Troglio por su campaña con Gimnasia; el Checho por el Oro en los JJOO; y Brown… bueno… todos nos acordamos del Tata jugando la final del ’86 con el brazo metido en un tajo en la remera.
Lo malo:
a) Codigos reloaded. Creo en los códigos. Creo que toda actividad las tiene. Y también creo que toda actividad profesional debe ejercerse separando los códigos propios de la actividad, de los que surgen de la amistad con quienes se comparte esa actividad. Ya pasamos por la experiencia de no hacerlo y, personalmente, no creo que Diego tenga tan claro cómo separar las cosas. Lo averiguaremos cuando veamos si el Kun arranca de titular o en el banco, después de sus últimos bajos rendimientos.
b) Estabilidad. Inexistente. Así de claro. Las decisiones de Diego dependen mucho de su humor, y su humor no depende de factores que se puedan determinar con exactitud. Eso hace que las decisiones no sean las mejores y eso puede incluir su continuidad en el cargo. No estaría bueno que asuma el Checho en la mayor 15 días antes del mundial porque el hijo del Kun se cruzó con el nieto de Bianchi, amigo de Coppola, en el jardín de infantes.
c) Su relación con Grondona y la FIFA. Vayamos acostumbrándonos porque, de acá en adelante, cualquier derrota decorada con un penal mal cobrado, va a ser culpa de Blatter.
d) Un paso adelante, dos atrás. Sabemos que Diego puede ser amigo de Dios y del diablo, con la misma facilidad. Con Bielsa y Pekerman, la Selección había ganado en honestidad y trabajo (lo que se puede en este ámbito), y lo perdió con Basile. Bianchi lo ofrecía. ¿Diego?
Lamentablemente no se puede elegir al Maradona que tiene las 4 virtudes y descartar al que tiene los 4 defectos. Todas estas características lo definen como persona, como futbolista y, ahora, como DT. Ojalá que lo bueno prime, que lo malo no afecte y que lo que nos genera dudas, no vaya para el lado oscuro de la Fuerza. Sólo así la hinchada más bullanguera podrá cantar, con fundamentos: “volveremo’ volveremo’…”.



