El regreso que nadie pidió
Miércoles, 25 de Febrero de 2009
Matías Almeyda es de esos jugadores con talento y que por su personalidad y decisiones terminaron tirando por la borda todo lo destacado que había hecho en su carrera para convertirse en un personaje antipático, incluso hasta despreciable.
Coqueteó con el retiro mil veces, cuando dejó de jugar se arrepintió porque se deprimía, tuvo pasos fugaces por ligas de tercer orden donde apenas jugó (Noruega, Suecia), y terminó con Maradona en el Showbol.
En el medio, sus declaraciones públicas por cuestiones extrafutbolísticas lo dejaron peor parado. Había firmado para Independiente pero antes de debutar decidió irse del país por “la inseguridad”.
El año pasado, en pleno conflicto Campo - Gobierno, el Pelado se permitió tomar posición con aires de estadista aprovechando que tiene un tambo. “La plata que gané la traje a mi país, y ahora estoy decepcionado. Yo no estoy identificado con nada de la política, porque no me interesa. Me da lo mismo que esté quien esté. Pero no sé cuál es el modelo que estamos copiando ahora”, tiró como un entendido en la materia.
Ahora, en 2009 y sin Showbol, aprovechó su amistad con el Beto Acosta para volver (por milésima vez) a las canchas en el club Fénix, de la Primera C. La noticia causó revuelo en la categoría, pero su debut no podía ser tranquilo ni normal.
En el partido del debut, en un ejemplo de profesionalismo, al Pelado se le soltó la cadena y le pegó una piña a Martín Iglesias, defensor de Argentino de Merlo, tras una falta común. El árbitro lo expulsó a instancias del juez de línea.
“Me expulsaron por el peso del apellido. Hay gente que quiere sobresalir”, tiró tras el partido con su habitual humildad y autocrítica.
Aunque después reconoció que estuvo mal (”perdí la cabeza”) dejó una justificación absurda: “Esto es un poco el producto de la manera que tengo de vivir el fútbol, con el mismo compromiso en la Primera C que en un partido internacional”.
Un ejemplo de buen tipo y compañerismo el de Almeyda, que no jugará de visitante en Fénix “porque el plantel es grande” y no quiere “tapar a ningún jugador”. Nadie vaya a pensar que está evitando visitar las acogedoras canchas del ascenso en el conurbano bonaerense.




















