¡Feliz día, Negro!
Martes, 21 de Julio de 2009
En el Día del Amigo, hoy quiero recordar al escritor y dibujante Roberto Fontanarrosa. El domingo se cumplieron dos años de su muerte a causa de una enfermedad neurológica.
Hace algo más de siete años tuve la oportunidad y el inmenso placer de poder entrevistarlo vía teléfonica trabajando para este medio.
No había acordado ninguna charla ni pautado nada con su agente de prensa. Un día como cualquier otro se me ocurrió levantar el teléfono y jugármela.
Vagamente recuerdo que el Canalla estaba jugando la Copa Conmebol y ese fue uno de los temas que abordamos como fanático hincha de Rosario Central que era.
También se me viene a la mente que yo tenía sólo el número de su casa y no de su estudio, donde pasaba la mayoría de las horas creando e inventando historias maravillosas con un estilo único e irrepetible. Me atendió su señora, me presenté, mencioné el medio para el cual trabajaba y me pasó otro número de teléfono donde podía encontrarlo.
Ya demasiado ansioso y bastante tenso, marqué. “Hooola, ¿quién habla?”, preguntaron desde el otro lado. Yo sabía por el tono de voz que era el Negro, pero hice de cuenta que no lo reconocí. “¿Hablo con el estudio de Fontanarrosa?, interrogué. “Sí, el mismo”, contestaron con sabiduría. Y ahí tuve que tirar la consigna final: ¿Hablo con… Roberto? “Sí, sí”, respondió.
Y ahí comenzamos una charla que duró no más de media hora. Una conversación cordial, respetuosa, agradable y amena donde fueron desapareciendo mis nervios y, sin darme cuenta, parecía realmente que estaba charlando con una amigo de toda la vida. Se dio un ida y vuelta futbolero, de café.
Vuelvo a reiterar que no me acuerdo de los detalles de los temas que abordamos, pero lo que pretendo resaltar hoy es su buena onda y trato de igual a igual. ¡Y enfrente tenía a un periodista inexperto que hacía poco se había recibido y que ni siquiera había acordado una entrevista previa!
El Negro amaba a Rosario Central y en esos minutos disfruté de sus conceptos, de su impronta, de su mesura, de su claridad y de su tiempo; el tiempo que él me estaba concediendo. Y lo guardé para siempre. Como un tesoro.-
¡Feliz día, Negro!



