06/09/2010
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Archivo de Diciembre de 2009

Los + y los - del 2009

Lunes, 28 de Diciembre de 2009

Los +

+10: Barcelona: el conjunto catalán fue el gran ganador del año. Ganó todo lo que disputó. Seis títulos: Liga española, Copa del Rey, Supercopa de España, Supercopa de Europa, Liga de Campeones y Mundial de Clubes. Fue el primer equipo en la historia en conseguir semejante marca de logros conseguidos en un año. IMPRESIONANTE.

+9: Estudiantes de La Plata: el Pincha no sólo es actualmente el mejor equipo de Argentina sino que el mejor de América. Lo dejó demostrado en la Copa Libertadores. Bajo el mando de Verón y con un equipo de Leones, paseó su fútbol por el mundo. Sólo faltó el Mundial de Clubes. Pero eso no opaca todo lo que hizo en el año. Estuvo a dos minutos de batir al mejor equipo del planeta. Aplausos para ellos.

+8: Messi en el Barça: la Pulga se llevó todos los premios y fue la figura del mejor equipo del Globo. Ganó el Balón de Oro que entrega la prestigiosa revista France Football y fue el FIFA World Player. Un dato: brilla y es el jugador más importante de un equipo lleno de estrellas mundiales como Ibrahimovic, Xavi, Iniesta y Henry. Pero hay un lunar que lleva que lo ubica en este puesto Nº8 y no lo ubica en el Nº10, el más importante. Y esa mancha es la Selección argentina. (Ver Los -).

+7: Banfield: se consagró campeón por primera vez en su larga historia de 113 años. Con un equipo práctico y un goleador implacable como el uruguayo Silva, el equipo de Julio César Falcioni tuvo su premio y se llevó el Apertura justamente.

+6: Vélez: se consagró campeón del Clausura al derrotar en un partido final a Huracán, la revelación de ese certamen y el equipo que más lindo jugó en el 2009 en estas tierras. Y no sólo eso: el conjunto de Gareca fue el que más puntos sumó en el año de los 20 equipos de Primera división.

+5: Selección española: pasó sin sobresaltos las eliminatorias mundialistas y se afirma en su búsqueda más importante: ganar el Mundial por primera vez. Es mi favorito para Sudáfrica 2010.

+4: Cappa (Huracán): en la primera mitad del año armó un equipo que deslumbró con su fútbol. Hacía rato que no se veía jugar así a once tipos adentro de una cancha en Argentina. Valió la pena ver un poco de tiki-tiki. Quedaron en la historia.

+3: Bielsa (Selección chilena): el Loco llevó sus pensamientos, sus técnicas, sus tácticas y sus locuras y le fue bárbaro en el país trasandino. Chile terminó segundo en el grupo de eliminatorias, a sólo un punto de Brasil, el líder, clasificó al Mundial jugando bien y allá el DT es ídolo. Hasta sueñan con ganar el Mundial. Sí, es demasiado. Pero lo tiene bien ganado. Para coronar un 2009 genial, Newell’s lo homenajeó rebautizando al Coloso con el nombre del entrenador.

+2: Palermo: no ganó ningún título en el año. Al final del torneo Apertura estuvo ocho partidos sin convertir. Pero el Titán siempre da que hablar. Metió un gol desde 40 metros con la cabeza. Volvió a jugar en la Selección. Con un tanto heroico en la cancha de River, casi que le dio la clasificación al equipo de Maradona. Convirtió en los dos superclásicos del año. Y está cada vez más cerca de Cherro, el mayor goleador de la historia de Boca.

+1: Adiós al Grupo: luego de años y años de dominar al fútbol, de tener la televisación bajo sus manos y todo lo que sucedía alrededor, el Grupo monopólico de medios Clarín se quedó sin el mando del fútbol. Y esto fue una buena noticia.

Los -

-10: Selección argentina: a lo largo del año, se fue transformando en lo peor del año el equipo de Maradona. Y eso que clasificó al Mundial (dando pena, pero llegó…). Y lo cerró como lo tenía que cerrar: cayó goleado en el último partido del 2009 ante el combinado de Catalunya y con una interna feroz entre el cuerpo técnico y Bilardo que mancha aún más la pelota. Año para olvidar. Ojalá en el 2010 el Seleccionado sea el +10.

-9: Los “Grandes”: Boca, River, Independiente, Racing y San Lorenzo y un 2009 para repensar, reflexionar y sacar conclusiones. Ningún título, mal en las Copas del año y un detalle no menor: para la Libertadores 2010 no clasificó ninguno de los cinco clubes.

-8: Cristian Fabbiani: el Ogro tenía todo arreglado para ir a jugar el Clausura a Vélez, pero a último momento se arrepintió y eligió ir a River, el club que él ama. Fue anunciado con bombos y platillos por el Millonario, catalogado como ídolo a las pocas semanas, pero… Fue una decepción total. No rindió nunca, no fue el Fabbiani de Newell´s y se fue por la puerta de atrás. Astrada lo borró y se fue a buscar club.

-7: Bianchi: no le salió una en todo el año. En su función de Manager del fútbol del club manejó mal el affaire Caranta. Tuvo dificultades para resolver los problemas con Nery Cardozo y Nayar. Su amigo Ischia dejó el club. Trajo a su otro amigo Basile, quien estuvo a punto de renunciar poco después de haber asumido. Boca no ganó nada en 2009. Y encima Bianchi se tuvo que bajar el sueldo que cobra a la mitad para poder ahorrar gastos. Este no es el Virrey.

-6: Escándalos con los árbitros: en Argentina, Aníbal Hay quedó envuelto en un escándalo. En Europa, se siguen investigando los supuestos partidos arreglados. Una mano clarísima de Henry dejó afuera a Irlanda del Mundial. Año negro.

-5: Messi en la Selección: en un año donde ganó absolutamente todo con el Barcelona, un año donde se llevó todos los premios al mejor jugador del mundo, en la Selección no podía faltar para aportar su juego. Pero no. La Pulga decepcionó partido a partido. Todavía le queda el Mundial para revertirlo. Pero este no fue el año de él en la Selección.

-4: El Newell’s del Apertura: tenía todo para salir campeón en la última fecha. Pero no pudo ante San Lorenzo en el ahora estadio Marcelo Bielsa, perdió y se quedó sin nada. Increíble.

-3: Tigre: el equipo de Diego Cagna tuvo una temporada paupérrima. El último lugar en el Apertura lo ratifica. Y eso que venía de un 2008 impresionante. Fue una gran decepción. Lo único destacable fue su gente, no sólo por seguir alentando partido a partido sino por el apoyo a un tipo como Cagna cuando dejó el
cargo de DT luego de este mal año.

-2: El accidente de Buonanotte: mala noticia para este fin de año.

-1: Blooper insólito: Aguirre no se olvida nunca más de este gol. Yo tampoco.

Por un buen 2010 y ojalá brindemos con la Copa del Mundo. Salú

El equipo de Timoteo

Martes, 22 de Diciembre de 2009

Ferro Carril Oeste vivió su época dorada en los primeros años de la década del ‘80. Conducido por Carlos Timoteo Griguol, el equipo de Caballito conoció la gloria: ganó los únicos dos campeonatos en su historia, fue subcampeón en tres oportunidades, y también logró un tercer puesto.

Todo comenzó en 1980, con la llegada del entrenador cordobés. El objetivo era salvarse del descenso, y lo logró. Un año más tarde, Ferro peleó el Metropolitano ‘81 hasta la última fecha mano a mano con aquel Boca Juniors de Maradona, Brindisi y el “Loco” Gatti. También arañó en Nacional ‘81, perdiendo las finales con el River Plate de Passarella y Kempes.

En 1982 llegó la consagración. El equipo de Griguol fue campeón Nacional invicto, ganándole las finales a Quilmes (0-0 en el partido de ida, y 2-0 en el de vuelta, jugado en Caballito).

Con una formación que podía ser repetida de memoria (Barisio; Gómez, Cúper, Rocchia, Garré; Arregui, Saccardi, Cañete; Crocco, Jiménez y Juárez), Ferro realizó una campaña brillante: disputó 22 partidos, ganó 16 y empató 6. Marcó 50 goles y recibó apenas 13. El goleador fue Miguel Ángel Juárez con 22 tantos.

El 1983 disputó la Copa Libertadores de América (fue eliminado en primera ronda) y logró el tercer puesto en el torneo Metropolitano, y un año después repitió la hazaña: en el Nacional 1984, venció a River en las finales con un contundente 3-0 en el Monumental y 1-0 en Caballito. Ese mismo año también se consagró subcampeón del Metropolitano.

Aquel equipo formaba con: Basigalup; Agonil, Cúper, Marchesini, Garré; Arregui, Brandoni, Cañete, Noremberg, Márcico y Gargini o Acosta. Los goleadores fueron Márcico (5 tantos) y Cañete (4).

Ferro volvió a disputar la Libertadores de 1985, en la que lideró el grupo junto a Argentinos Juniors, equipo que lo venció en el desempate y luego fue campeón.

En apenas cuatro años, Ferro Carril Oeste escribió las mejores páginas de su historia como institución. Y todo gracias a un entrenador brillante como Carlos Timoteo Griguol, un equipo ordenado y con mentalidad ganadora, y un grupo de dirigentes serios.

Video Ferro Campeón 1982

¿El relator del pueblo?

Miércoles, 16 de Diciembre de 2009

Marcelo Araujo es la cara de los partidos televisados por el Estado y tiene el respaldo del Gobierno, que tiene como una de sus principales virtudes la defensa por los Derechos Humanos y no olvidar lo sucedido en el país durante la dictadura criminal de los 70′. Sin embargo, se encontró una nota firmada por el relator post Mundial 78 reivindicando los valores de aquel nefasto gobierno de facto.

El sitio La Redó publicó el artículo que firmó Araujo, junto a Mauro Viale, en la edición septiembre-octubre de 1978 sobre el “éxito organizativo” del Mundial 1978 en la revista “Argentina ante el mundo para la defensa de la soberanía”, que fue, en palabras de su director, el coronel Hugo Guillermo Jörgensen, una publicación bilingüe puesta al servicio de los delicados intereses argentinos en cuestiones de jurisdicción y espacios nacionales, como la de todos los aspectos que hacen a la unidad e integridad del Estado.

Un gran hallazgo que vale la pena leer para conocer un poco la historia de este país y cómo algunas voces trataban de distorsionar la realidad que se vivía en aquel entonces por estas tierras.

Araujo

Un campeonato jugado por todos
por Marcelo Araujo y Mauro Viale
Septiempre 1978

Fue el milagro argentino. Nadie discute que el país ganó el Campeonato Mundial de Fútbol de 1978 antes de que se diera el puntapié inicial. Su organización lograda contra todos los presagios, sorprendió al mundo. Kelso F. Sutton, publisher de Sports Illustrated, la revista deportiva más leída de los Estados Unidos (tirada semanal: 2.250.000 ejemplares) narró en el número del 3 de julio pasado las primeras impresiones de su editor asociado Clive Gammon, quien cubrió en Buenos Aires los avatares del Mundial: “Cuatro años antes, en Munich, Alemania (durante el Campeonato Mundial de Fútbol), le dijeron (en el centro de prensa) con malintencionado desprecio que Estados Unidos no era un país futbolístico y que no habría lugar para Sports Illustrated en la oficina de prensa. Diez días duró la lucha para que la decisión fuera revertida. Por eso se quedó asombrado en el Centro de Prensa de Buenos Aires cuando obtuvo su credencial para el partido final dentro de los cinco minutos de solicitada, siéndole entregada por una sonriente señorita que hablaba perfectamente el inglés”.

Este es solo un ejemplo. Los periodistas argentinos que tuvimos que convivir con nuestros colegas extranjeros durante esos días pudimos comprobar como, en los más honestos de ellos -afortunadamente la mayoría-, se disolvían los prejuicios que traían de sus países merced a la insidiosa propaganda motorizada por las organizaciones subversivas y los ingenuos de siempre.

Hay que reconocerlo: la Argentina tenía muy mala imagen en Europa y Estados Unidos. Quienes vinieron del hemisferio norte estaban preparados para ver luchas callejeras, oír de terribles campos de concentración. Una anécdota caracterizó esa posición: en vísperas de la iniciación del Campeonato, un grupo de periodistas fue invitado a visitar las modernas instalaciones del estadio de River Plate. Entre ellos un francés; en su nota cantó loas a las comodidades, los tableros electrónicos y a la organización. Pero terminó el artículo apuntando que “desde lejos se oían los disparos que intercambiaban fuerzas policiales con un grupo subversivo”. Si el periodista francés lo hubiera preguntado en lugar de dejarse llevar por su imaginación se hubiera enterado que tales disparos provenían de los polígonos de tiro del Tiro Federal. Esos días previos marcaron el nadir. En Europa se veían afiches con símbolos del Campeonato rodeados de alambradas de púas. Incluso cuando algunos medios europeos, especialmente en Francia y Alemania comentaron el maravilloso espectáculo gimnástico protagonizado el 1 de junio, en el estadio Monumental, por miles de jóvenes argentinos lo calificaron como una mera expresión de “un régimen militarizado”. Eso fue el colmo de la mala fe, o por lo menos el mejor ejemplo que puede brindar una mentalidad cargada de prejuicios.

A todo ésto, la publicidad negativa había llevado a varios gobiernos -especialmente al alemán, que todavía recuerda la masacre practicada por un comando palestino durante los juegos Olímpicos celebrados en Munich, y el francés, en cuyo territorio se encuentra una usina de propaganda antiargentina- a disponerse a enviar a sus equipos de fútbol guardados por agentes especiales. Una intención prontamente rechazada por el gobierno argentino, suficientemente capacitado para asegurar el normal desarrollo del campeonato.

DESPUÉS DEL 1 DE JUNIO

Pero, decíamos, el primer día del Mundial fue también el comienzo del cambio. Los periodistas comenzaron a ver en las calles a un pueblo entusiasmado, sin divisiones ni odios, que solo hacían bromas a los equipos adversarios, sin que tales bromas impidieran manifestaciones de respeto y afecto.

Es cierto en la mayor parte de los casos, los equipos extranjeros fueron recibidos por los mejores embajadores: los representantes de las colectividades de argentinos de origen español, italiano, francés, escocés, árabe, austríaco, alemán, etc. Argentinos que vieron la oportunidad de acercarse a los connacionales de sus padres o abuelos para mostrarle la realidad de su país y hacerles más grata su estadía.

Es cierto también que los argentinos todos vivieron por primera vez en décadas la oportunidad de salir a la calle bajo una sola bandera. Después de cuatro o cinco años de sufrir una guerra sucia, la guerra desatada por la subversión, surgió la ocasión de expresar entusiasmo. El mundo entero pudo ver en millones de televisores como todo el pueblo mostraba su mentalidad ganadora, viviendo entre continuas explosiones de júbilo que crecían noche tras noche en todas las ciudades de la República.

UN SELECCIONADO, UN PAÍS

“No sé si ustedes se dieron cuenta, pero yo tenía mucha bronca cuando terminó el partido contra Brasil, me fui muy decepcionado de la cancha. Y ayer todavía me duraba la mufa; por eso no quise reunirlos hasta que estuviera tranquilo. A mí me defraudan los equipos cuando no intentan hacer lo que saben y los jugadores no demuestran las razones por las que el técnico los convocó. No les puedo perdonar ni soporto que traicionen las convicciones en las que todos estuvimos de acuerdo el primer día. Y ustedes saben que esto no es un argumento nuevo; cualquier jugador de Huracán les puede decir si es cierto o no que una vez, en el entretiempo, dije que me iba de la cancha si seguían jugando así, y en ese momento ganábamos 2 a 0… A mí no me importa el resultado. Todo hubiera sido igual si el partido contra Brasil terminaba a favor nuestro. Lo que me preocupa es que no jueguen con alegría, que no respeten su vocación. Por eso quiero repasar a cada caso y volver a empezar”.

Estas palabras las pronunció César Luis Menotti a la Selección Nacional después del partido jugado con Brasil, “el peor partido de la Argentina”. En su libro Cómo ganamos la Copa del Mundo, el técnico apunta: “El equipo estaba mal parado en la cancha, sin movilidad, sin sorpresa ni siquiera toque de primera… Había exceso de individualismo, cada uno quería resolver por cuenta propia”.

Todas estas palabras de Menotti referidas a un momento y a un partido del Mundial podrían aplicarse a un momento de la Argentina. Individualismo, falta de responsabilidad personal, escepticismo, “jugar sin alegría” -es decir, trabajar, estudiar, investigar, enseñar, vivir en fin, sin el mínimo goce necesario para que la vida merezca el nombre de tal- eran defectos que se notaban hasta hace pocos meses en el comportamiento de los argentinos.

¿Las causas? El mal del siglo: esa mezcla de constante ansiedad, ese correr constante detrás del peso (o el dólar, el franco, el marco, el yen) para pagar la cuota de la casa o la heladera. Esa preocupación constante por ganar el día en un ambiente constatemente bombardeado por los estímulos de la televisión y la publicidad. Por cierto que éste no es un defecto argentino, es un fenómeno mundial. Se da en todas las ciudades del mundo. En Buenos Aires, ese individualismo se sintetiza en el clásico “no te metás”, en Nueva York, en el “Don’t be involved”.

En la Argentina, ese mal del siglo fue potencializado hasta extremos exasperantes por un clima de violencia, de inseguridad física, suscitado por el terrorismo. Este también es un fenómeno mundial, pero en nuestro país llegó a un límite extremo: “Este descanso de los disturbios que angustiaron a la Argentina por más de cuatro años permite explicar la explosión de júbilo, creciendo en intensidad noche tras noche, que hizo de cada ciudad argentina una loca abstracción de color, luz y ruido durante las pasadas tres semanas”, apuntó Kelso F. Sutton.

Es parcialmente cierto. En rigor, la tranquilidad estuvo volviendo lentamente antes del Mundial. Actualmente, los argentinos vivimos una calma maculada por las resonancias de escasos pero siempre dolorosos atentados, generalmente efectuados con bombas instaladas por manos anónimas. El último y uno de los que repercutieron más penosamente en el ánimo de la opinión pública: el que costó la vida a tres personas en la calle Virrey Melo, en Barrio Norte, entre ellas la de Paula Lambruschini, de 15 años, hija del jefe del Estado Mayor de la Armada.

De todos modos, esta calma expectante que vive la Argentina es anterior al Mundial. Muy probablemente sin ella no podría haber habido Campeonato. Pero fue durante su transcurso cuando casi mágicamente despertó en la conciencia colectiva esa necesidad de expresarse, de mostrar su unidad bajo la bandera nacional. De mostrarse patriota, en fin. También fue una manifestación de victoria. No sólo de victoria deportiva frente a los holandeses, peruanos o húngaros -ésto era lo menos importante- sino de victoria contra la muerte, la inseguridad, el odio. Los argentinos tenemos fama de orgullosos. Quizás sea cierto, pero en los festejos del Mundial mostramos por primera vez en mucho tiempo que estamos orgullosos de ser argentinos.

Y fue una muestra de orgullo absolutamente positiva. “Casi milagrosamente no hubo violencia”, observó un periodista italiano. No fue un milagro; simplemente no hubo violencia porque no se gritó contra nadie. Ya lo dijimos; a lo sumo se gastaron bromas a los rivales ocasionales: “El que no salta es un holandés”, por ejemplo. Incidentalmente, cuando el lunes siguiente a la finalización del campeonato, nutridos grupos de estudiantes pasaron frente al Banco Holandés Unido, en la calle Florida, no faltaron quienes quiesieron hacer saltar a un elegante y grave señor que salía de esa institución: “Lo siento -respondió el hombre- no puedo saltar porque efectivamente soy holandés”. Nadie sabe que podría haber ocurrido en otras latitudes ante tal respuesta. Aquí lo aplaudieron.

Un par de semanas antes, después del partido en que Italia venció a la selección argentina, un grupo de “hinchas” del vencedor que habían venido de la Península y se dirigían hacia el omnibus que los transportaría al hotel fueron aplaudidos por un importante sector de los espectadores argentinos.

Sin duda, como pasó en Alemania, como pasa en todos los países que cuentan con equipos de primer nivel, el público argentino ayudó con su apoyo a su equipo. Ese apoyo moral -y consecuentemente, la falta de apoyo que inversamente sufrieron sus rivales- seguramente influyó en los triunfos de la Selección Nacional. Y también en ese sentido el Campeonato Mundial fue un triunfo de todos los argentinos.

¿Qué más vieron los extranjeros, los periodistas, que aprovecharon el Campeonato para conocer a este país, el más austral del mundo? Sin duda, un país pujante, que busca su destino bajo el sol. Algunos aspectos se pueden apreciar en las notas de esta revista. Pero lo más importante puede sintetizarse en esta frase: un pueblo con vocación de ganador.

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